"Talacheros ganan más que profesionales y el fútbol mexicano roto"

"Cómo 80 millones de pesos en multas eliminadas en Liga MX, hundieron los sueldos de la Liga de Expansión"

Jesús Ramírez Romero.

8/10/20264 min read

Durante décadas, el fútbol mexicano funcionó bajo una promesa simple: si tu equipo ganaba en la cancha, subía de categoría. Esa promesa murió oficialmente hace unas semanas, cuando la Federación Mexicana de Futbol publicó el reglamento 2026-2027 y confirmó, en su artículo 35, que ningún club de la Liga de Expansión MX ascenderá a Primera, sin importar lo que haga en la cancha. Lo que parecía una medida temporal de la pandemia se volvió permanente. Y el efecto colateral más brutal no se ve en la tabla de posiciones: se ve en la nómina de los jugadores.

La escala salarial que nadie quiere admitir: 

Los datos disponibles hoy dibujan un panorama de tres niveles. En el peldaño más bajo de la Liga de Expansión, jugadores jóvenes, elementos de fuerzas básicas o futbolistas cedidos perciben entre 15,000 y 25,000 pesos mensuales. Adrián Marín, canterano del Club América que pasó por Dorados y Leones Negros tras haber jugado en Primera, lo resumió con crudeza en una entrevista reciente: los sueldos cayeron a niveles que él mismo no imaginaba, entre 30 y 60 mil pesos para gente que venía de la élite del futbol mexicano. En el peldaño alto, los jugadores etiquetados como "estelares" —o aquellos cuyo club de origen subsidia parte de su sueldo— logran entre 45,000 y 60,000 pesos mensuales, todavía lejos de cualquier cifra de Primera División.

Del otro lado está la "talacha", el circuito informal del futbol llanero. Ahí no hay contrato ni prestaciones, pero sí liquidez inmediata: jugadores con pasado profesional cobran entre 1,500 y 12,000 pesos por partido, con bonos de 500 a 1,000 pesos por gol. Un excanterano de América conocido en redes como "Yeyé" reveló que compañeros suyos llegan a cobrar entre 11,000 y 12,000 pesos por un solo encuentro. Quien disputa varios partidos entre semana y fin de semana —ocho o nueve, según testimonios en redes— puede acumular entre 70,000 y 360,000 pesos al mes. La conclusión es incómoda pero verificable: un jugador raso de Expansión puede ganar menos que un buen talachero, aunque el segundo no tenga federación ni seguro médico.

El origen no es deportivo, es contable: 

La pregunta obligada es por qué una liga profesional, con reglamento, televisión y estructura federativa, paga menos que el futbol de barrio. La respuesta está en una decisión tomada en 2020 y ratificada este año: la suspensión —ahora definitiva— del ascenso y descenso.

El argumento oficial de los propietarios en 2020 fue proteger la estabilidad financiera de los clubes durante la crisis del COVID-19. El Tribunal de Arbitraje Deportivo llegó a ordenar a la FMF definir condiciones para el eventual regreso del sistema, e incluso rechazó en 2025 una petición de varios equipos de Expansión para restituirlo de inmediato. El nuevo reglamento cerró la puerta por completo.

Aquí está el dato duro que explica todo: hasta la temporada 2025-2026, los tres últimos lugares de la tabla de cocientes en Liga MX pagaban multas reales. El último lugar pagaba 80 millones de pesos; el penúltimo, 47 millones; el antepenúltimo, 33 millones. Ese dinero no desaparecía en el aire: alimentaba un Fondo de Estabilización diseñado para apoyar el desarrollo de los clubes de Expansión. El nuevo reglamento eliminó ese fondo por completo, junto con cualquier consecuencia económica por terminar mal parado en la tabla.

El resultado es un modelo de franquicia cerrada, calcado del que usa la MLS en Estados Unidos: los dueños actúan como socios de la liga, no como competidores que arriesgan su lugar. Ese diseño da certeza al valor de cada franquicia —nadie pierde su lugar por jugar mal—, pero corta el único mecanismo que redistribuía dinero hacia la categoría de plata.

La factura la están pagando los jugadores: 

La reacción no se hizo esperar. Futbolistas de al menos diez clubes de Expansión —entre ellos Atlético La Paz, Leones Negros, Mineros de Zacatecas y Atlético Morelia— firmaron un comunicado conjunto denunciando que los salarios de la categoría se redujeron de forma desproporcionada desde la desaparición del sistema. En el documento hablan de caídas de entre 50 y 80 por ciento en asistencia a estadios, patrocinios y sueldos de jugadores, cuerpos técnicos y demás trabajadores del gremio.

Precisión metodológica: esas cifras porcentuales provienen del comunicado de protesta de los jugadores, no de una auditoría financiera independiente. La dirección del fenómeno —caída de ingresos tras 2020— está confirmada por múltiples fuentes y por la lógica financiera del propio reglamento; la magnitud exacta merece cautela.

Lo que revela el panorama completo: 

Unir estos datos deja una conclusión difícil de esquivar. La eliminación del ascenso y descenso no fue una decisión deportiva: fue una decisión de gobernanza corporativa que dio certeza patrimonial a los dueños de Liga MX a cambio de desconectar a Expansión de su principal fuente de subsidio y de su gancho comercial más poderoso. Sin el atractivo de pelear por subir, Expansión perdió televidentes, patrocinadores y aficionados. Sin ese ingreso, los clubes recortaron nómina. Así, un jugador que dedicó años a las fuerzas básicas terminó compitiendo, en ingreso mensual, contra un talachero sin contrato que junta partidos los fines de semana.

El futbol mexicano no perdió el ascenso y descenso por falta de talento en las canchas. Lo perdió porque, en algún punto, fue más rentable para los dueños de arriba blindar el valor de su franquicia que sostener la escalera que un día llevó a esos mismos clubes hasta la cima.

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